“Unidad Nacional en Torno a lo Fundamental”

Por MAURICIO MARULANDA

Entre 1.925 y hasta 1.958 Colombia vivió lo que se conoce como La Época de la Violencia, un episodio oscuro y sangriento, patrocinado por los partidos liberales y conservadores, que en su momento luchaban por el poder y la justicia en nuestro país. Esta violencia se agudiza, cuando el 9 de Abril de 1.948 asesinan al líder del liberalismo Jorge Eliécer Gaitán en la plaza pública.

Nunca se ha podido establecer con certeza, cuántas crímenes se llevaron a cabo en este periodo de la violencia, algunos estiman que la cifra supera fácilmente las 500 mil víctimas y otros hablan de más de un millón de personas en todo Colombia.

Desde entonces pareciera que la violencia no ha tenido descanso en nuestro país, ha estado entre nosotros en todos los gobiernos y justo ahora, pareciera que hemos regresado a esa Colombia de antaño, en donde exigir o hablar de los derechos fundamentales de la sociedad, se ha convertido en un delito que es sentenciado con la muerte, por parte de quienes buscan desestabilizar al país y generar focos de silencio social, evitando que podamos establecer un diálogo nacional sobre lo fundamental.

¿Qué es la Unidad Nacional en
Torno a lo Fundamental?

El concepto surge años atrás, cuando Álvaro Gómez Hurtado, candidato a la presidencia, explica de manera clara y sensata, la necesidad de respetar los derechos fundamentales de la sociedad. A Gómez Hurtado lo asesinaron por la causa que, precisamente hoy tratamos de incorporar en nuestra sociedad.

En Colombia hay dos
tipos de personas

Las primeras son los trabajadores, esa gente que se levanta a diario a laborar en las fábricas y empresas, soñando con un mejor futuro para sus familias. Esos microempresarios que apostaron a la economía del país y lograron conseguir préstamos para invertir en sus pequeños proyectos de vida para generar fuentes de trabajo e impuestos para la nación. La vendedora de arepas en la esquina de barrio, que sueña con engrandecer su emprendimiento y apostarle a una empresa de familia. Esa es una parte inmensa de los colombianos que no se resignan a darse por vencidos.

El otro tipo de colombiano es el corrupto. El narcotraficante que busca enriquecerse de la noche a la mañana producto de un país que es blando en su sistema de justicia, pero el más peligroso de los corruptos, es el político dañado, mezquino y desleal, que engaña o compra votos para pertenecer a una élite, promovida por jefes de partido como Germán Vargas LLeras, Álvaro Uribe Vélez o Cesar Gaviria, que manejan las maquinarias políticas de la nación para obtener mayorías en el congreso y legislar a favor de los corruptos y a beneficio propio, sin importarles las consecuencias en la población general de este país.

El grave problema con estas Mafias de la Política es que cuentan con la complicidad de la sociedad, una sociedad que aún en el siglo XXI, votan por el color de una bandera y no por la conciencia colectiva.

Álvaro Uribe Vélez logró venderle al país la imagen de un líder del pueblo, que obra en beneficio del mandato popular, supo camuflar sus intenciones y hacernos creer que su guerra era contra la guerrilla, producto de un duelo personal ante la muerte de su padre, pero todo fue una farsa muy bien creada, bien manipulada desde su mente siniestra y así logró meterse en las cabezas de los colombianos, generando solidaridad para con su ficción de líder social contemporáneo. Supo engañarnos por un tiempo.

Los odios y las disputas políticas han sido
el caldo de cultivo para que los corruptos
tomen ventaja y roben el erario.

Una sociedad como la nuestra está diseñada para crear la constitución que considere más apropiada, que sea la que mayor beneficio entregue al bien común y no a grupos selectos de corruptos que aprovechan la ignorancia e indiferencia de la ciudadanía para hacer con los recursos del Estado lo que desean.

“Nos metieron en la cabeza
que lo escrito, escrito está y
no podemos reformarlo”

Bajo esta premisa absurda, los políticos corruptos se han empeñado en hacernos creer que todos eso micos y gorilas que le han puesto a las leyes, no se pueden modificar y que debemos aceptar nuestra realidad y buscar la manera de adaptarnos a sus decisiones.

Pues no es cierta tal afirmación, las leyes han sido creadas para su aceptación y acatamiento, en la medida que ellas son congruentes con la realidad que vive el país, pero pueden ser transformadas o eliminadas, en la misma medida en que fueron estipuladas.

Colombia está afrontando la crisis de corrupción más grande de su historia, llegando a unos niveles de cinismo en donde a los corruptos les vale madre las consecuencia porque ya todo está arreglado para salir impunes.

Ante este panorama desolador, promovido por la corrupción política y patrocinado en parte, por el voto que le entregamos a los partidos políticos para que hagan con nosotros lo que deseen, sólo quedan dos caminos que tomar:

LA REVOLUCIÓN SOCIAL

Un camino que demanda regresar a la era de la violencia, en donde opositores al gobierno y el Estado se enfrentan de manera sangrienta por un nuevo orden nacional, más equitativo y justo. Un camino lleno de sangre que ya recorrimos en el pasado y no nos dejó la enseñanza necesaria para hacer cambios estructurales en la sociedad y la gobernabilidad.

Cambiar las estructuras y la constitución no sólo es posible, sino un deber que tenemos con las futuras generaciones.

En este camino, nuestro hijos y los colombianos de bien, se armarán y saldrán a luchar por sus derechos, mientras los corruptos del poder, verán en balcón la lucha social mientras disfrutan de un trago importado y generan apuestas sobre el número de bajas que podría tener tal intento de tomarse el poder por parte de los comunistas que quieren convertir a Colombia en un estado como Venezuela.

Al final de la jornada, terminaremos más pobres, con tazas de desempleo más altas, pero los corruptos seguirán siendo millonarios y aprovecharán la crisis para vendernos a nuevos líderes políticos que llegarán gustosos a gobernar en nombre de los más ricos. Se habrá perdido una batalla que costará miles de vidas y el cambio esperado nunca llegará.

LA CONCIENCIA COLECTIVA

El segundo camino es aún más complejo, nos obliga a cambiar el pensamiento de la sociedad, nos lleva a borrar todo concepto equivocado de justicia social y empezar de cero en la construcción de la conciencia colectiva, en donde terminamos aceptando que el conjunto de la sociedad prima sobre el individuo, en donde comprendemos finalmente que los derechos sobre lo fundamental, que son la salud, el trabajo, la vivienda, la educación, el agro y la cultura, están por encima de los beneficios de la banca privada y los grandes empresarios, que bajo el discurso absurdo de fomentar el trabajo para las clases menos favorecidas, se quedan con los recursos del pueblo colombiano.

La Conciencia Colectiva nos invita al uso del sentido común, ese que parece no funcionar en nosotros y que nos dice claramente que la unión en la defensa de los derechos fundamentales, nos permite crecer como sociedad.

Para ello, debemos crecer desde el interior de cada uno de nosotros, debemos entender que los odios y discrepancias entre nosotros, producto de las acciones corruptas de los políticos, sólo pueden resolverse en la medida que entendemos su estrategia de mantenernos en discordia para su beneficio. No podemos seguir luchando y poniendo los muertos por una batalla de corrupción en donde los autores y generadores de corrupción no se exponen a esa guerra y mandan a sus peones a luchar por una causa disfrazada de democracia.

La Conciencia Colectiva debe llevarnos con un pensamiento sano y libre de ataduras políticas a las urnas en el 2022. No hay manera de transformar la realidad sin que lleguemos a ese acto de conciencia que nos permite diferenciar el bien y el mal.

No podemos seguir regalando votos bajo la creencia que somos parte de un partido político, debemos ser colombianos primero, pensar en el bien común de todos y sólo así podemos transformar este país al que tanto amamos y prometer a las futuras generaciones la estabilidad que necesitan para seguir creciendo en un mundo cada vez más acosado por los corruptos.

Debemos unirnos en esta campaña de concientización y creación de ideales.